Cada vez más chicos consumen alcohol, cannabis y vapeadores: preocupa la baja percepción del riesgo.
Cada 26 de junio se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, una fecha impulsada por las Naciones Unidas para poner el foco en un problema que, lejos de desaparecer, fue cambiando con el paso de los años.
Hoy la preocupación ya no pasa únicamente por el narcotráfico o las drogas ilegales. Los especialistas advierten que muchos consumos se volvieron cotidianos entre los adolescentes, mientras que cada vez son más accesibles y existe una menor conciencia sobre los riesgos que implican.
Ese escenario quedó reflejado en el Séptimo Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas en Estudiantes de Enseñanza Secundaria, realizado por la Sedronar. El informe, que vuelve a medir la situación después de once años sin estadísticas nacionales, ofrece una radiografía actual sobre los hábitos de consumo de los jóvenes argentinos.
En los primeros años del secundario predominan el alcohol y las bebidas energizantes. Sin embargo, entre los 15 y los 16 años empiezan a ganar terreno el cannabis y los cigarrillos electrónicos o vapeadores.
En contrapartida, el consumo de tabaco tradicional sigue cayendo respecto de años anteriores, aunque el alcohol continúa siendo, por amplio margen, la sustancia más presente entre los adolescentes.
Para Eduardo Lavorato, presidente del Consejo Internacional en Materia de Adicciones, Construyendo Cultura Preventiva (CIMACUP), el problema va mucho más allá de las sustancias.
“Los adolescentes tienen una percepción muy baja del riesgo. Se instaló la idea de que vapear es más sano que fumar tabaco o consumir cannabis, cuando muchos dispositivos contienen altas dosis de nicotina y otras sustancias que generan dependencia y pueden ser muy dañinas”, explicó al portal El Auditor.
Según el especialista, la adolescencia es una etapa marcada por una sensación de invulnerabilidad. “Sienten que ya saben todo cuando su cerebro todavía está en pleno desarrollo. Por eso muchas veces no dimensionan las consecuencias de lo que hacen”, señaló.
Esa combinación entre poca percepción del peligro y sensación de omnipotencia puede derivar en situaciones complejas, donde los jóvenes terminan exponiéndose a riesgos que afectan tanto su salud como a quienes los rodean.
Lavorato también remarcó que muchos consumos empiezan en reuniones entre amigos o en las conocidas “previas”, donde el alcohol y el cannabis aparecen como una forma de integrarse al grupo.
El problema, advierte, es que lo que comienza como una experiencia ocasional puede convertirse con el tiempo en un hábito difícil de abandonar. El especialista sostiene que tanto padres como docentes deben estar atentos a ciertos cambios.
“Lo primero que suele llamar la atención son las modificaciones en los hábitos cotidianos y los cambios de grupo de amigos”, indicó.
De todos modos, aclaró que no todas las sustancias producen las mismas conductas. Algunas favorecen la socialización, mientras que otras llevan al aislamiento.
Por eso insiste en que la prevención no debe basarse únicamente en prohibiciones o estigmatizaciones, sino en fortalecer los vínculos entre los adolescentes y los adultos que los acompañan.
“Estamos hablando de chicos que todavía están construyendo su identidad. Si no encuentran adultos presentes que los orienten, pueden comprometer seriamente su futuro”, advirtió.
Los especialistas coinciden en que la prevención requiere un trabajo conjunto entre las familias, las escuelas, las organizaciones sociales y el Estado.
En ese marco, la Dirección General de Políticas Sociales en Adicciones de la Ciudad de Buenos Aires aprovechará la jornada del 26 de junio para desarrollar una campaña de concientización en todos sus centros de atención.
Su director, Matías Kornetz, explicó que se realizarán actividades en cinco plazas porteñas con el objetivo de informar a la comunidad sobre los recursos disponibles para prevenir y tratar los consumos problemáticos.
La iniciativa busca alcanzar a unas 10.000 personas, difundir la Línea 108, opción 3, que brinda orientación las 24 horas, y dar a conocer un nuevo servicio virtual destinado a familiares de personas que todavía no comenzaron un tratamiento.
Para Kornetz, el mensaje es claro: cuanto antes se intervenga, mayores serán las posibilidades de evitar que un consumo ocasional termine convirtiéndose en un problema serio.

Editor de Política de Tribuna de Periodistas
