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Fundación Faro: el vertiginoso ascenso del think tank que financia la batalla cultural de Milei.

El 13 de noviembre de 2024, en uno de los salones más exclusivos del Yacht Club de Puerto Madero, se reunió una parte significativa del poder económico argentino.

Empresarios, ejecutivos y referentes del ecosistema libertario compartieron una cena cuyos cubiertos, según publicaciones periodísticas, llegaron a cotizar hasta u$s25.000. En el escenario: Javier Milei y Agustín Laje. La anfitriona: una fundación prácticamente desconocida hasta ese momento, Fundación Faro.

Menos de dos años después, esa organización se encuentra en el centro de un debate político, financiero y cultural que trasciende al oficialismo. La razón son los números.

Según balances presentados ante la Inspección General de Justicia (IGJ), la entidad pasó de un patrimonio neto de aproximadamente 12 millones de pesos en 2023 —cuando todavía operaba bajo el nombre de Fundación Valorar— a 4.394 millones de pesos en 2024. Un crecimiento superior a 350 veces en un solo año. Sus ingresos alcanzaron casi 5.000 millones de pesos, equivalentes a unos u$s 4,8 millones al tipo de cambio de cierre de ese ejercicio.

No existen demasiados antecedentes recientes de una fundación política argentina que haya acumulado semejante volumen de recursos en tan poco tiempo. Mucho menos una cuya expansión coincidiera de manera tan precisa con la llegada al poder de un nuevo gobierno.

De Fundación Valorar a Fundación Faro

La estructura jurídica existía desde antes del triunfo de Milei. Funcionaba bajo el nombre de Fundación Valorar y tenía objetivos vinculados a actividades sociales y asistencia comunitaria.

Sin embargo, entre octubre y noviembre de 2024 se produjo una transformación completa. Cambió el nombre. Cambiaron las autoridades. Cambió la sede, que pasó a ubicarse en Reconquista 40, en el microcentro porteño. Y cambió también el objeto institucional.

La nueva Fundación Faro Argentina se presentó como un think tank dedicado a promover el liberalismo económico, valores conservadores y la denominada «batalla cultural».

Al frente quedó Agustín Laje, una de las figuras intelectuales más influyentes del universo libertario y frecuente referente ideológico citado por el propio Presidente.

Diversas investigaciones periodísticas señalaron además la participación de Francisco Caputo, hermano del asesor presidencial Santiago Caputo, en el proceso de reorganización y puesta en marcha de la nueva estructura.

El salto patrimonial y el destino de los fondos

Los balances de 2024 muestran ingresos registrados principalmente bajo conceptos como donaciones, cursos, talleres y actividades institucionales. Del total recaudado, más de 4.188 millones de pesos fueron destinados a inversiones financieras, incluyendo fondos comunes de inversión, Letras del Tesoro y bonos.

Los gastos operativos, en comparación, resultaron significativamente menores e incluyeron difusión institucional, organización de eventos, alquileres, seguridad y honorarios.

El dato resulta llamativo porque muestra que la mayor parte de los recursos no se destinó al gasto corriente sino a la acumulación de activos financieros. El crecimiento tampoco se detuvo allí.

Durante 2025, a través de su brazo digital «Ratio Oficial» en Meta, Faro invirtió más de 1.079 millones de pesos en publicidad política digital, convirtiéndose en el mayor inversor privado en pauta electoral online según una investigación de Chequeado.

Miles de anuncios. Miles de publicaciones. Una presencia masiva en la conversación política digital argentina.

La cena donde apareció el nuevo círculo del poder libertario

Aquella primera cena de noviembre de 2024 —y sus posteriores ediciones en agosto y diciembre de 2025, siempre con Javier Milei como principal orador— funcionó como una fotografía de los empresarios y referentes que comenzaron a acercarse al ecosistema libertario durante los primeros años de gobierno. Entre los asistentes mencionados por distintas publicaciones periodísticas figuraron:

  • José Luis Manzano
  • Hugo Eurnekian
  • Martín Migoya
  • Guibert Englebienne
  • Marcelo Mindlin
  • Claudio Belocopitt

También participaron representantes de empresas como Techint, Pan American Energy, Vista Oil y Corporación América, entre otros actores relevantes del sector privado. La presencia de empresarios en este tipo de encuentros no constituye prueba de ninguna irregularidad.

Financiar fundaciones, centros de estudios o think tanks es una práctica habitual en numerosas democracias occidentales. La cuestión central no es la existencia del financiamiento privado. La cuestión es la transparencia.

Los balances disponibles no identifican públicamente a los donantes individuales ni detallan el monto de cada aporte.

Ni Agustín Laje ni las autoridades de Faro respondieron públicamente, según las investigaciones periodísticas consultadas, consultas específicas sobre el origen preciso de los fondos.

Además, hasta junio de 2026 no se habían presentado balances completos correspondientes al ejercicio 2025 ante la Inspección General de Justicia.

Hasta el momento no existen investigaciones judiciales conocidas que hayan determinado irregularidades en el funcionamiento de la fundación.

Sin embargo, la ausencia de información detallada sobre el origen de los aportes y la magnitud del crecimiento económico mantienen abierto el debate sobre los mecanismos de financiamiento de una de las organizaciones más influyentes del ecosistema cultural libertario.

Un fenómeno que excede al mileísmo

Adrián Ravier, diputado nacional de La Libertad Avanza y exdirector académico de Faro, sostuvo públicamente que la organización se financia con empresarios privados que adhieren a las ideas que impulsa la fundación.

Para sus impulsores, Faro representa el entusiasmo genuino de sectores empresariales con el cambio político y cultural iniciado por el gobierno de Milei. Para sus críticos, en cambio, configura una poderosa estructura de influencia política con escasa rendición pública de cuentas.

Sería intelectualmente deshonesto presentar este fenómeno como una exclusividad libertaria. La Argentina arrastra desde hace décadas una larga tradición de fundaciones vinculadas a distintos espacios políticos cuya estructura de financiamiento rara vez resulta completamente transparente para la sociedad.

La diferencia aquí radica en el contexto. Faro surge y se expande bajo un gobierno que llegó al poder prometiendo combatir privilegios, transparentar estructuras y cuestionar los mecanismos tradicionales de financiamiento político. Por esa razón, el nivel de escrutinio público resulta aún más alto.

La pregunta que queda flotando

Quizás Fundación Faro sea simplemente el think tank más exitoso de la nueva derecha argentina. Quizás represente la expresión natural de empresarios que adhieren a las ideas libertarias y deciden financiarlas.

O quizás esté anticipando una nueva forma de construcción de poder donde ideas, financiamiento privado, pauta digital, formación de cuadros y cercanía con el poder político operan como una misma maquinaria.

Lo indiscutible es otra cosa. En menos de dos años, una fundación prácticamente desconocida se convirtió en uno de los actores más influyentes del ecosistema político-cultural que rodea al Gobierno nacional.

Y cuando una organización crece más de 350 veces en un año, reúne a algunos de los empresarios más poderosos del país, acumula miles de millones de pesos en activos financieros y se transforma en uno de los mayores inversores privados en comunicación política digital, la pregunta deja de ser solamente ideológica. Pasa a ser periodística.

¿Quién financia realmente la construcción cultural del nuevo poder libertario argentino?

 

Periodista de investigación

https://ricardobenedetti.com/

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