La presión de CILFA frenó a Milei y obligó al Gobierno a cambiar la ley de patentes medicinales.
El lobby de CILFA es tan poderoso que terminó condicionando a Javier Milei y lo obligó a reformular parte de su estrategia en la ley de Patentes medicinales.
La discusión alrededor del PCT, el tratado internacional de patentes que la Casa Rosada buscaba aprobar en línea con los intereses de los laboratorios norteamericanos, abrió una guerra silenciosa entre la Embajada de Estados Unidos, CAEME,
AmCham y las multinacionales farmacéuticas, frente al bloque de laboratorios nacionales agrupados en CILFA, donde juegan Roemmers, Bagó, Richmond, Elea y el grupo de Hugo Sigman.
Los laboratorios extranjeros presionan para avanzar hacia un sistema más flexible y alineado con estándares internacionales. Los nacionales advierten sobre el riesgo de “evergreening”, el aumento de costos y el impacto sobre la producción local.
El dato político que más sorprendió incluso dentro del oficialismo es la capacidad de presión transversal que conserva CILFA.
💥💥💥💥En Washington ya admiten que los laboratorios nacionales tienen un bloque “propio” dentro del Congreso, influencia sobre gobernadores industriales y terminales activas en distintos sectores del peronismo, la UIA y parte del oficialismo.
Ese entramado terminó obligando al Gobierno a negociar un modelo “a la uruguaya”, incorporando una cláusula de “reserva” para limitar parcialmente el alcance del tratado y evitar una apertura total del sistema de patentes.
La situación expone además una contradicción incómoda para Milei. Mientras el presidente sostiene un discurso de apertura irrestricta y alineamiento con Estados Unidos, uno de los sectores industriales con mayor capacidad de lobby del país logró frenarle una de las reformas más sensibles que reclamaban la Embajada y los grandes laboratorios estadounidenses.
Periodista de investigación
