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Si me llevan a Malvinas

Hola Mamita Nena. Estoy con miedo. Están llamando por número de sorteo a los que ya cumplimos con el Servicio Militar en estos últimos años y ya nos habían dado de baja luego de un año y medio de estar bajo bandera, fuimos la primera camada en ser incorporados a los dieciocho años de edad y así fue que conocí el mar, navegué en el Portaviones 25 de Mayo y juré a la Bandera con casi 10 grados bajo cero y moviéndonos a paso vivo mar. Suponía que era una etapa superada y que podía estar tranquilo con mis proyectos de jóven entusiasta, en mi caso cursando en la Universidad Nacional de Tucumán la carrera de Derecho. En los llamados para reincorporarse han llegado al número 750 según comentan y yo tengo el 997, van llamando de franja en franja en número ascendente por lo que si la guerra se prolonga uno o dos meses más, o quizás antes si todo se acelera y precipita, me tendré que presentar para nuevamente servir a la Patria.

Sé que tienes mi foto de marinero en blanco y negro con mi traje de gala de la Armada Argentina que yo lucía orgulloso. Tengo frescos los recuerdos de mi llegada a Puerto Belgrano, añoraba mi pequeña ciudad del interior, mis amigos del Barrio Estación, la barra de lustras, diareros, hijos de ferroviarios, obreros y comerciantes con los que jugaba fútbol en la canchita hasta que se perdía el sol y escuchaba tu voz llamándome para hacer las tareas para la casa que nos daban en la inolvidable Escuela Primaria 815. Hace un par de años casi nos enfrentamos por cuestiones de límites con nuestros vecinos chilenos, a los que eran del Ejército los movilizaron a la cordillera y estuvieron casi a punto de abrir fuego, solamente fue por la intermediación del Papa y su enviado Cardenal que pudo evitarse ese derramamiento de sangre. Pero ahora es diferente, estamos en guerra por nuestras Islas Malvinas y también están convocándonos a los que servimos en La Marina. Mamita hermosa, mentiría si te digo que no tengo miedo pero quiero que sepas que los amo mucho, a tí, a papá José Ángel Agustín, a mis hermanitas Susana y Gladys, a la abuelita Salma, al tío Roque y al padrino Quinteros y que una vez allí, en medio del combate, de las bombas y los tiros, quizás el amor por ustedes y por mi Patria me hagan olvidar los terribles temores que me angustian y tenga el valor de dar mi vida por nuestro territorio. Te escribo ahora porque no sé que pasará en los próximos días; las noticias dicen que vamos ganando, que nuestros pilotos vuelan a ras del agua y están dañando las naves inglesas, que el pueblo argentino está haciendo donaciones de ropa, alimentos, remedios y que los niños escriben cartas a los chicos que están luchando por todos nosotros. Pero aún así tengo miedo, mucho miedo de no volver a escuchar tu voz y de que nunca más pueda sentirme seguro como cuando estoy arrullado entre tus brazos con la tibieza de tu alma tan pura y el color de tus ojos claros color canela que voy a llevar adentro mío hasta que muera.

Raúl J. R. ( Fines de Abril del 82)

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