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28 DE AGOSTO: DIA DE LA ANCIANIDAD. LOS DERECHOSD E LA GENTE MAYOR Por Dr. Jorge O’Brien

Cada 28 de agosto, Argentina conmemora el Día de la Ancianidad. Pero esta fecha no debería ser solamente una celebración. Es, fundamentalmente, una oportunidad para recordar una historia que colocó a nuestro país a la vanguardia del reconocimiento de los derechos de las personas mayores.

 

El 28 de agosto de 1948 se proclamó el Decálogo de los Derechos de la Ancianidad, con el propósito de que fueran incorporados a la legislación y a las políticas del Estado.

Aquella iniciativa significó algo mucho más profundo que una declaración. Supuso comenzar a mirar a las personas mayores no simplemente como destinatarias de asistencia o beneficencia, sino como personas titulares de derechos.

 

Diez derechos para una vida digna. El Decálogo reconocía 10 derechos fundamentales:

  1. Derecho a la asistencia.

La persona mayor debía contar con protección integral y, ante situaciones de desamparo, con la protección del Estado.

  1. Derecho a la vivienda. El derecho a un lugar digno donde vivir, acorde con sus necesidades.
  2. Derecho a la alimentación. El acceso a una alimentación adecuada y suficiente.
  3. Derecho al vestido. La posibilidad de contar con vestimenta apropiada para vivir dignamente.
  4. Derecho al cuidado de la salud física. El reconocimiento de que cuidar la salud en la vejez no es un privilegio, sino un derecho.
  5. Derecho al cuidado de la salud moral. La protección de la dimensión afectiva y espiritual de la persona mayor.
  6. Derecho al esparcimiento. El derecho a disfrutar de momentos de recreación y de una vida que no se reduzca únicamente a las obligaciones.
  7. Derecho al trabajo. Cuando las condiciones físicas lo permitieran, se reconocía la posibilidad de desarrollar actividades productivas y útiles, preservando la autoestima y la personalidad.
  8. Derecho a la tranquilidad. El derecho a transitar los últimos años de la vida con serenidad, sin angustias ni preocupaciones que pudieran evitarse.
  9. Derecho al respeto. Quizás uno de los derechos más sencillos de expresar y, al mismo tiempo, uno de los más profundos: toda persona mayor merece respeto, consideración y dignidad.

 

Un antecedente que trascendió las fronteras

El Decreto 32.138, del 15 de octubre de 1948, oficializó el Decálogo y estableció que las iniciativas, actos y procedimientos de los poderes públicos debían inspirarse en aquellos principios. La trascendencia de aquella iniciativa también alcanzó el escenario internacional. En noviembre de 1948, los derechos de las personas mayores fueron llevados al ámbito de las Naciones Unidas a partir de la propuesta argentina.

Al año siguiente, los Derechos de la Ancianidad fueron incorporados a la Constitución Nacional de 1949. De esta manera, Argentina se convirtió en un país pionero en el reconocimiento jurídico de derechos específicos de las personas mayores.

Por eso, cuando hablamos del 28 de agosto, no estamos hablando solamente de una fecha del calendario argentino. Estamos hablando de un momento histórico en el que nuestro país ayudó a instalar una pregunta que todavía conserva plena vigencia:

¿Cómo queremos que viva una sociedad cuando sus integrantes llegan a la vejez?

Recorrimos un largo camino desde La figura del “anciano” al “sujeto de derecho”

Han pasado 78 años desde aquella proclamación y el lenguaje también ha cambiado.

Hoy hablamos de personas mayores, de autonomía, de participación, de inclusión, de envejecimiento activo y saludable y de derechos humanos. El fenómeno de esta siglos XXI es la Longevidad. Estamos viviendo muchos años màs que las generaciones anteriores. La gente mayor de hoy està activa, creativa y productiva. Esta socializada y no aislada, lo que incrementa la expectativa de vida.. 

La Argentina ratificó en 2017, mediante la Ley 27.360, la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, profundizando aquel camino iniciado décadas atrás. 

Pero las leyes y las convenciones, por sí solas, no alcanzan. Un derecho escrito en una norma debe transformarse en una realidad concreta. Porque de poco sirve hablar del derecho a la vivienda si una persona mayor vive en condiciones indignas. 

De poco sirve hablar del derecho a la salud si no puede acceder oportunamente a una atención adecuada. De poco sirve hablar de respeto si todavía existen situaciones de maltrato, abandono, discriminación o invisibilización. Y tampoco podemos hablar de una sociedad verdaderamente justa si las personas mayores son escuchadas solamente cuando necesitamos su voto, su ayuda económica o su experiencia. Una sociedad que envejece debe aprender a mirar a sus mayores

La vejez no es una enfermedad. Tampoco es una carga. Es una etapa de la vida que merece ser vivida con dignidad, afecto, autonomía y participación. Cada persona mayor lleva consigo una historia. Ha trabajado, criado hijos, formado familias, construido instituciones, educado generaciones, trabajado por su comunidad y atravesado momentos buenos y difíciles de nuestra historia.

Por eso, cuidar a las personas mayores no debería ser considerado un acto de caridad.

Es un acto de justicia. Y respetarlas no debería depender de nuestra sensibilidad personal. Es un deber social.

Tal vez una de las mejores maneras de conmemorar este 28 de agosto sea volver a leer aquel Decálogo de 1948 y preguntarnos cuánto de aquellos diez derechos hemos conseguido convertir en realidad y cuánto nos queda todavía por hacer.

Porque el desafío de una sociedad no consiste solamente en agregar años a la vida.

Consiste en agregar vida, dignidad, compañía, autonomía y respeto a esos años.

Una fecha para recordar y también para comprometernos

El 28 de agosto nos invita a mirar hacia atrás y reconocer a quienes fueron capaces de anticiparse a su tiempo. Pero también nos obliga a mirar hacia adelante. Porque una sociedad puede ser medida de muchas maneras: por su economía, por sus obras, por su tecnología o por su desarrollo. Pero también puede ser medida por la manera en que trata a quienes más años han vivido y más historia llevan consigo.

Este 28 de agosto, más que decir simplemente “Feliz Día de la Ancianidad”, quizás deberíamos decir: Gracias por lo que hicieron!. Gracias por lo que nos enseñaron!.

Y, sobre todo, gracias por recordarnos que envejecer con dignidad no es un privilegio: es un derecho. Buen Trato a  las Personas Mayores. 

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