Cuéntame tu vida: cuando los directores filman sus infancias y adolescencias

Aunque varias de las escenas de “Los Fabelman” -la nueva película de Steven Spielberg que por estos días se proyecta en los cines argentinos- parezcan invenciones de guionistas con mucha imaginación, el propio director se encargó de explicar en distintas entrevistas que prácticamente todos los hechos, situaciones y conflictos que aparecen en este filme nominado a siete premios.

Por supuesto, en la historia coescrita por el propio realizador junto a su habitual colaborador Tony Kushner (“Munich,” “Lincoln”, “Amor sin barreras”) puede haber alguna exageración, ciertas “licencias poéticas”, pero hasta los momentos más absurdos (como la decisón de la madre de comprar un mono y llevarlo al hogar) son ciertos.

Sammy Fabelman (interpretado de niño por Mateo Zoryon Francis-DeFord y sobre todo de adolescente por Gabriel LaBelle) es el álter ego perfecto de un Spielberg que creció mudándose de ciudad en ciudad, sufriendo el antisemitismo en el colegio, sobrellevando los desencuentros entre su madre (encarnada en la ficción por Michelle Williams) y su padre (a cargo de Paul Dano), siendo desde pequeño un prolífico y entusiasta director autodidacta y amateur que a los 15 años conoció en su oficina al mítico John Ford y a fines de la década de 1960 ya estaba dirigiendo proyectos para televisión.

Spielberg abordó cuestiones íntimas en varios largometrajes, pero hasta ahora lo había hecho de forma poética, simbólica, metafórica a partir de personajes que tenían alguna conexión con su vida, aunque protagonizaban tramas épicas como las de “Encuentros cercanos del tercer tipo” (1977) o “E.T.: El extraterrestre” (1982).